Angel Israel Salavarría Avilez,
quien durante diez años que duró su vida de boxeador amateur realizó 218 peleas, todas victoriosas a
excepción de las que perdió con el gallo Angel Moreno y el welter junior
Guillermo Salcedo, 1964. Fue su último
combate, luego de haberse titulado Campeón Nacional un año antes. Angel
Salavarría, podríamos decir que era un boxeador integral: boxeador, entrenador,
juez, árbitro, director, promotor, empresario y se mantvo activo en el ámbito
del oficio hasta la edad de 57 años.
Nació el 17 de junio de 1939, año en que Joe Louis, el Bombadero de
Detroit, comenzaba a despertar la admiración del mundo. Otros boxeadores
ídolos de Guayana, coetáneos con Angel
Salavarría, fueron Luis Barreto (Barretico), campeón nacional pluma; José
(Chicharrita) Bolívar, J. J. Mosqueda (Kid Caraota), Miguel Rangel (El
Cumanés), Angel Moreno (Kid Polar), Pablo Bermúdez (Kid Mandador), Enrique
Betancourt (Kid Sabanita), Simeón Baquero (Barequito), Zurdo (Bombero) Delgado,
Benigno (Pescao Frito)Bermúdez, campeón nacional; Jesús Pérez Blanco, campeón
nacional y Fidel Odremán, campeón mundial. (AF)
viernes, 20 de abril de 2018
Los Morichales de Ciudad Bolívar
Todavía
durante los años de 1940 se hablaba de “Los Morichales de Ciudad Bolívar” y…
¿Cómo es eso si Ciudad Bolívar nunca tuvo la palma Moriche sino en su entorno
más bien muchos árboles frutales. La explicación
está en que Morichal de acuerdo con el habla del guayanés abarca la acepción de
Campo o finca campestre y eso viene porque las casas de los campos o fincas las
techaban con la palma moriche abundante en las extensas sabanas del Sur donde largos caminos de moriches se alinean
y entrecruzan. Interminables sendas de palmeras
por cuyos pies discurre el agua donde abrevan la fauna propia del medio como
también viajeros, llaneros, campesinos y desde tiempo inmemorial las
comunidades primitivas.(AF)
jueves, 19 de abril de 2018
El vicio de la Lectura
Se ha hablado del vicio de la lectura
como una moderna perversión y se ha dicho que no hay vicios más difíciles de
erradicar que aquellos que popularmente se consideran como virtudes. Entre
ellos, el vicio de la lectura. En la Angostura del pasado, la lectura era un hábito
muy arraigado, tan arraigado que Lucila Palacios habla en su Espejo
Rodante de una muchacha llamada Luisa Duarte que leía en el patio de su
casa indiferente a los proyectiles que pasaban sobre su cabeza el día en que
barcos de Cipriano Castro bombardearon Ciudad Bolívar cuando el Capitán Ramón Cecilio Farreras se pasó al bando de la Revolución Libertadora. Igualmente habla de su padre Timoteo Carvajal
que iba a la guerra acompañado de un baúl lleno de libros.(AF)
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