sábado, 24 de agosto de 2013

El Egipcio supersticioso

Mi amigo “El Egipcio” de la calle Los Culíes, me visitó al siguiente día de haberme casado y me pidió permiso para colocarnos en el curso de un rito unas tijeras abiertas con el fin de alejar los hechi­zos. Como en la boda escuchó a mi esposa cantar, me dijo que podía cantar en lo sucesivo con voz cristalina si besaba el vientre de una rana. A propósito mi esposa me contó que en la noche de la boda una muchacha le pellizcó el brazo y al preguntarle por qué lo hacía explicó que El Egipcio le había dicho que de esa manera  se prometería en el año en curso y que antes, cuando sufrió de fiebre alta, la mandó zambullirse siete veces en el Orinoco, lo cual hizo en el Playón de  La Cocuyera y por milagro se le quitó la fiebre.  El mismo señor le hizo agujerear los lóbulos de la oreja de su hermanito porque le garantizaba una existencia muy feliz y prolongada.



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