viernes, 18 de enero de 2013

Cithya la hija de la guaricha


Citya, -así creo que se llamaba – era de Casanare, un pueblo de los llanos colombianos cercanos al Orinoco. Su madre, al parecer, era una guaricha que la tuvo con placer de ocasión en mala hora. Citya, por lo tanto, nació en miseria y a disgusto. Su vida retozando en el seno de la madre apenas si duró siete meses, es decir, hasta que por esos predios pasó una pareja estéril que dijo ser de Massachussets y la adoptó con facilidad increíble. En su nuevo hogar, Citya experimentaba la bondad de otro clima y todo parecía ir bien hasta que sintió la necesidad de la leche materna a la cual la tenía habituada su madre guaricha. Aquel biberón de farmacia y el seno en estación de estío de su madre adoptiva no la engañaba y Citya entonces comenzó a morirse. Los médicos que la observaron imploraron un SOS y todo el condado salió en auxilio. Mil madres dejaron por un rato de amamantar a sus hijos y un millar de biberones de leche materna congelada llegó a la casa de la niña desganada y triste. A Citya, por supuesto, le volvió el alma al cuerpo y sus padres de adopción respiraron contentos. Citya ahora evoluciona sin problemas y desde su cuna contempla con aire filosofal la enorme cava que guarda su gran provisión de leche.

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