jueves, 24 de enero de 2013

Un Ovni en los bifocales



Él esta allí, mirando fijamente un punto en el firmamento en actitud contemplativa y con las manos casi hundidas en los bolsillos. Lo veo de arriba abajo y me detengo en sus pronunciadas entradas anunciado una calvicie incipiente. Es un hombre delgado, de piel cetrina y bigote entrecanos. Hurgo alguna señal en los ojos, pero sus lentes me lo impiden. Es mediodía y las calles están desiertas. Él parece no sentir el refulgente Sol que me tuesta la piel. Me aproximo y al fin sale de su ensimismamiento. Esbozó una tímida sonrisa después que lo enteré del tiempo largo que llevaba observándolo. Me dijo que lo absorbía un punto luminoso que yo no alcanzaba a ver tras su índice apuntando hacia más arriba del horizonte. Estaba convencido de que era un Ovni y no fue posible hacerlo desistir de su percepción hasta que una hora después escuchamos el ruido de un avión. Entonces me contó que hacía tres días le había ocurrido lo mismo y me preguntó si acaso no estaría alienándose con tanta literatura y películas de viajes interplanetarios. Esto me lo decía al tiempo que volvía la vista y miraba de nuevo el punto luminoso. No era el avión, pues para él, allí más arriba del horizonte buscando en dirección Norte, seguía el Ovni virtualmente plantado con su aura de luz. Entonces amablemente le quité los lentes. Los limpié con mi pañuelo y luego se los colocó. Volvió a mirar, pero ya el Ovni pulcramente había regresado a su base.

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