lunes, 14 de enero de 2013

El bebé, el mono y la mona



El niño de tres años de edad, 15 kilos de peso y 35 centímetros de altura, vivía en un hotel de la ciudad, propiedad de sus padres y extrañamente tomaba aguardiente desde los ocho meses de edad, cuando sus padres comenzaron a darle en un algodón para que no llorase. Todo empezó un día cuando el bebé paseaba con su madre, vio una llamativa botella de ron y comenzó a llorar. Su madre empapó un algodón en el licor y se lo pasó por los labios. Entonces cesó de llorar y jamás dejó de tomar sus tragos diarios, escuchando su canción preferida: “yo bebo si, estoy viviendo, quien no está bebiendo está muriendo, yo bebo si”. Pero un día se le complicaron las cosas cuando al mono que domesticaba la familia, el niño le frotó alcohol en la boca y el cuadrumano despertó en una “nueva personalidad” o, como se dice en buen criollo, con “una mona” terrible. Los chillidos del mono que mordía las patas de mesas y sillas alarmaron a los huéspedes y transeúntes, quienes llamaron a la policía. Abiertas las averiguaciones sólo el mono fue detenido porque el responsable, obviamente, resultó ser menor de edad.

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