sábado, 2 de noviembre de 2013

Escapado del Infierno

José Lezama era un viejo chapado a la antigua, creyente en Dios y en los consejeros de la Catedral.  Este sentimiento religioso fue aprovechado en su estado de agonía por el Vicario y Deán para convencerlo de que no bastaba el perdón de los pecados para escapar del Infierno, rezando tantos Padre Nuestro y Ave Maria, sino que es necesario entregar los bienes terrenales a los necesitados. Él que era dueño de numerosos inmuebles en la ciudad no vaciló en hacerlo y en justa retribución los beneficiados bautizaron una calle con su nombre.


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