domingo, 6 de octubre de 2013

El Cura que era sordo


La atracción que ejercía un sacerdote católico de Ciudad Bolívar para ser requerido preferentemente en confesión, me fue revelado confidencialmente por otro sacerdote amigo. La popularidad del religioso que prestaba servicios en una parroquia, se debía a que era virtualmente sordo y por ello los fieles preferían confiarle sus pecados en la seguridad de que no eran escuchados pero sí perdonados.  El sacerdote amigo dijo que él en una oportunidad se pasó horas en un confesionario a la espera de feligreses, pero éstos, hombres y mujeres, pugnaban por confesarse con su colega sordo.

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