jueves, 24 de octubre de 2013

La dama solitaria


Vivía ella en una vieja y grande casa en medio de la ciudad.  Una casa que no obstante el tamaño no daba cabida a su soledad infinita, por lo que vivía habitando en los espacios de su memoria, sentada en la mecedora al pie de la ventana, hablando consigo misma y escribiéndose cartas en las que describía a la gente que pasaba y no se detenía ni siquiera para hacerle la venia de respeto a su mayoría de edad. Sólo una vez y más nunca se le vio acompañada por todos los que varios días comenzaron a extrañar su presencia en la ventana.  Preocupados empujaron la puerta y  la encontraron rígida con la mirada perdida en el laberinto de los cristales que pendían de la araña colgante de su casa.

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